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Este libro pretende informar de la relación existente entre el profesor y guía espiritual brasileño, Henrique José de Souza, y el escritor y teósofo español Mario Roso de Luna con ocasión de la publicación de los comentarios de este a dos libros -Mi viaje a Lhasa (1927) y Místicos y magos del Tíbet (1929)- de la antropóloga francesa Alexandra David Néel; comentarios que dejó parcialmente editados en la revista catalana El Loto Blanco, con el título de El Tíbet y la Teosofía. Apuntes de un filósofo.
Este libro póstumo lo consideró terminado su autor unos veinte días antes de morir el 8 de noviembre de 1931 y se han publicado dos ediciones ya en este siglo XXI: una de la Sociedad Teosófica Española y otra de la Sociedade Brasileira de Eubiose, que incorpora tal cantidad de textos nuevos escritos por Henrique José de Souza, que en su edición este aparece como coautor, cerrándola con un epílogo que tituló y dedicó a su maestro como futuro Buda blanco, que era un tema que le inquietaba más a él que a Roso, que nunca aceptó discípulos.
En la correspondencia intercalada entre Souza y Roso que se ve perfectamente cómo fue este proceso y también puede comprobar el lector conocedor de la obra del Mago Rojo de Logrosán, hasta qué punto los añadidos pueden ser entendidos como apuntes de un filósofo o como doctrina y publicidad de una escuela más esotérica que filosófica que elimina de su nombre la palabra Teosofía para poner Eubiose. Esto nos llevó a restablecer lo que debió ser el texto original, citando en ocasiones al profesor Souza, comentador y traductor al portugués, pero prescindiendo de añadidos que -como explicamos- sobrepasan la intención de Roso de Luna.
En la Biblioteca Mario Roso de Luna de esta editorial Delfos podemos incluso matizar opiniones del autor y mostrar algunas críticas, pero siempre en notas al pie de página o en la Presentación inicial, convencidos de que la búsqueda de la verdad se convirtió en la verdad misma de una vida que fue escalando los peldaños del conocimiento desde las ciencias físicas a las humanísticas, desde las ruinas, las lenguas y la historia a la religiones. Parece que no lo consiguió porque la muerte le vino de forma inesperada pidiendo a sus allegados que no lloraran su partida sino que continuaran su obra, es decir, su camino, el sendero del medio entre la razón y el corazón.
Si algo dejan claro las cartas venidas desde Rio de Janeiro a Madrid son los elogios constantes de Souza a quien considera su guía y maestro. Resalta los valores espirituales de un ser tan incomprendido, su formidable monumento literario, que por sí solo nos hablaría del gran maestro que el mundo perdió en 1931. Dadas sus inquietudes americanistas contrarias al modelo USA, valora sus Conferencias teosóficas por América del Sur. Nosotros -escribe en 1930- somos hijos de la simiente que Roso sembró en su viaje de 1909 a 1910 por cuatro países de Suramérica, y entienden la Teosofía como alternativa al fascismo y al bolchevismo y también a las religiones positivas y la superstición.
Por todas estas razones y muchas más, el mundo pronto sabrá que no se puede negar que Mario Roso de Luna fue, como ya hemos dicho, el único y verdadero Arauto (guía) de la Sociedad Brasileira de Eubiose.
Así lo pude comprobar cuando estuve, en San Lourenço de Minas Gerais, en el templo principal de esta asociación, y frente al retrato de Blavatsky encontré el de Mario Roso de Luna. No sé si continúan ambos protegiendo la entrada o los eubiotas modernos los han cambiado. (Esteban Cortijo)
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